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26 de agosto de 2016

  • 26.8.16
Sin darnos cuenta estamos casi en septiembre y el verano se ha escapado de las manos. Si fuimos de viaje, el tiempo transcurrió demasiado rápido, dejando cansancio, añoranza, menos dinero en la cuenta, fugaces recuerdos en la memoria y muchas autofotos –selfies les llaman ahora– por aquello de salir en las redes sociales para presumir ante las amistades.



Nos espera el trabajo y los hijos deben volver al cole. "¡Ya era hora!" será la expresión en más de una casa. Y nos enfrentamos a otra tanda abultada de gastos. Dicen que costará sobre 400 euros, entre libros, material escolar, comedor, babis o uniformes y transporte, si los hay.

La vuelta al cole no se debe improvisar pues el cambio de actividad suele ser brusco y, a veces, algo duro. Es necesario mentalizar a los pequeños con gracia pero sin perder el hilo. Lo ideal, durante el verano, habría sido mantener unas relajadas rutinas, alternando diversión con algo de trabajo intelectual (estudio), bien sea lectura o una suave inmersión en algunas materias del próximo curso.

Nos complazca o no, el papel que debe desempeñar la familia es importante. Animar, buscar puntos positivos, no atosigarles... son actitudes aceptables por nuestra parte, pero sin bajar la guardia. Se hace necesario motivar para que el inicio no resulte demasiado traumático y la vuelta sea suave y no marque un punto de inflexión violento.

Hay que tener la habilidad de evitar todo tipo de comentarios negativos. Verbalizar ante ellos aspectos positivos del colegio y de la nueva etapa, del reencuentro con amigos o de las actividades que van a comenzar y de lo divertido que será este curso pueden ayudar a limar reticencias y provocar interés.

En el plano psicoafectivo interesa, por la implicación que supone, que participen en la elección de lo que necesitarán para el nuevo curso, que se familiaricen con el material escolar y que sean ellos quienes elijan cuadernos, lápices, carpetas y demás materiales, para que sean, en definitiva, elementos activos.

La preparación del material se debe hacer contando con ellos, pero de forma racional, sin ceder a caprichos. Comprar libros, forrarlos, preparar mochila... debe convertirse en una actividad participativa para suavizar el retorno. Eso sí, sin sermonearlos, que somos muy dados al discurso cargado de moralina.

Dejarles elegir mochila o cualquier tipo de prenda les ilusionará más de lo que creemos. No olvidemos que los protagonistas son ellos. Participar no es ceder a los caprichos que se les ocurran, lo que implica, por parte nuestra, tener un criterio claro de necesidades y, razonando, decirles no a lo que sea innecesario o no conveniente.

Quiero compartir ahora algunas reflexiones alrededor de los gastos que representa la vuelta al cole, el gran escollo que debemos superar. Las grandes cadenas pretenden, y seguro que lo consiguen, hacer su agosto en la última semana de dicho mes. Cito y parafraseo datos de la publicidad de una cualquiera de ellas.

Dice: "Tenemos todo lo que necesitas para la vuelta al cole. Estrena curso con la mejor moda. Además de ropa para otoño-invierno, uniformes y babis, te ofrecemos el chaleco, prenda de plena novedad. Empieza el curso con buen pie: con zapatos, deportivas, corre, salta, juega".

"La espalda y los libros bien protegidos. Llena tu mochila de ilusión". Los libros no te pesarán con el carrito todo terreno –perdón, trolley, que no me acostumbro–. "Cambiamos tu antiguo portátil, tu antigua impresora, tu antigua tableta y consigues descuentos. Es el mejor momento para renovarse. No te lo pierdas".

Lo más genial que he leído: "Te ayudamos a dar una buena impresión al comprar una impresora. ¡Qué bien pinta el curso! con lápices maravillosos". Así dan ganas de hacer los deberes con cuadernos “guay”. Y muchas, muchas ofertas más.

¿Y esto quién lo paga? "No te preocupes, paga tu compra poco a poco, sin intereses, con nuestra tarjeta que es gratis". Y no te olvides de los maravillosos descuentos que puedes conseguir... "Nosotros te ayudamos". Toda una generosa incitación.

La publicidad nos asalta con maravillosas ofertas llenas de ilusiones. Mochilas, zapatos, infinidad de lápices de colores, cuadernos, archivadores para ser ordenados, recambios. ¡Qué bien pinta el curso! De paso hasta ropa para bebés. Tu sólo tienes que elegir...

Y desde luego la calidad no es cara, es una cruz para la mayoría, porque realmente es un calvario enfrentarse a otra situación más como la que comporta la circunstancia escolar. Pero la realidad de la cartera –léase billetera– es la que manda.

Demostremos que ¡no somos tontos!, y no nos dejemos engatusar con la zanahoria que nos ponen delante para que corramos hacia el derroche, el boato o la ostentación. ¿Qué material nuevo necesita para este nuevo curso? La clave, para no gastar más de lo necesario, pasa por analizar qué le hace falta y solo comprar lo necesario, manteniendo posturas alejadas de lo superfluo o lo caprichoso.

A veces nos pasamos de tuerca por aquello de que ¡le hace tanto gozo…! Recordemos que, en este caso, dicha satisfacción se traduce en euros. Pero de nosotros depende que la factura no engorde más de la cuenta.

Estrenar es toda una ilusión lícita e importante pero cuesta dinero. Muchos materiales escolares como bolígrafos, lápices, borradores... y algunas útiles más no tienen fecha de caducidad. Se reponen cuando se han terminado. Los libros también se reciclan aunque no siempre se pueden reusar.

En otras épocas, los libros de texto se heredaban de hermanos, primos, amigos, aunque es cierto que los lectores más críticos podrán argumentar que lo de heredar parece ser que nos lo han puesto algo mal las editoriales. ¿Reutilizar libros? Por supuesto que sí.

Como autor voy en contra de mis intereses pero lo considero necesario después del descarado abuso que se ha hecho en las últimas décadas, tanto por parte de editoriales como de nuestro propio papanatismo de consumidores. Por cierto, de ese abuso, los autores no son los más beneficiados.

Otra opción son los bancos de libros y páginas web de intercambio o compra. En todos los casos hay que tener en cuenta si se han tratado bien y están potables, y desde luego si resulta ventajoso. Para los padres más atrevidos dejo la dirección de un comparador de precios, pero no olvidemos que en Internet hay mucho listillo…

¿Materiales complementarios reutilizables? ¿Por qué no? Recordemos que en lo referente a elementos como mochila, cartera u otro medio de transporte de material debe primar lo útil frente al diseño o la marca, que obviamente encarece el producto. Siempre he sido enemigo de llevar al cole “un saco de cosas”.

Consejo práctico: para no maltratar las tiernas espaldas de los escolares, lo ideal es que lleven cada día lo que necesiten para ese jornada, no todo lo que atesoran en casa. Ordenar y sacar libros de la mochila puede ser una forma práctica de enseñarles desde pequeños a optimizar tiempo, espacio y esfuerzo.

No dejo de soltar una amarga sonrisa irónica cuando veo pasar a los abuelos arrastrando el “porsche” (trolley) del nieto que, vivaz, corretea con su patinete. A veces esos abuelos me dan pena, por razones que no vienen a cuento. Desde que asumimos la costumbre-moda de llevar mochilas o similares parece que queremos llevarnos la casa con nosotros, como si fuéramos a mudarnos.

PEPE CANTILLO


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