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10 de agosto de 2016

  • 10.8.16
La poligamia es el régimen familiar en que se permite, generalmente al varón, la pluralidad de cónyuges. Pero, salvo que se legisle en el sentido favorable de esa generalidad que indica el Real Diccionario de la Lengua Española, la poligamia puede ser efectiva para ambos cónyuges, y puede tener sus grandes ventajas especialmente cuando la vida se desenvolvía en los medios rurales y el trabajo era muchísimo más oneroso de lo que es ahora.



Aunque el de ahora, en castizo, tenga tela por lo resignado a mal pagado que la patronal está acostumbrando al personal, casi al estilo del borrico aquel que se comió su sombrero de paja, le dijeron que era chocolate, y se hizo chocolatero, y su amo, Perico, se quedó con el mote.

Cuando los españoles nos poníamos en plan de demostrar lo que vale un peine en nuestra virilidad y potencia, nos quejábamos entre risa, sonrisa y dichos picarescos de lo gilipollas que fue el moro aquel que perdió contra los cristianos en la divulgada, pero inexistente, batalla de Poitiers, en la cual, según la crónica sandunguera –nada que ver con la crónica verdadera- los moros emprendieron la cuesta debajo de su rodada ibérica, y los cristianos empezaron a cotizar en el IBEX 35, imparables hasta nuestros días y la consumación de los siglos y la del juicio Gürtel.

Como consecuencia de aquella derrota pirenaica gala, en las pláticas citadas, la queja profunda de que con ella se volatilizó una poligamia unidireccional en el sentido de autorizar solo al varón en todo el territorio nacional, es otro de los muchos embuchados que nos ha colocado la crónica sandunguera que en la época de estudiante nos hizo sudar para meternos en la mollera mentiras como camiones de grandes; y que, menos mal, que el paso de los años no las ha hecho verdaderas indiscutibles, y con tan solo arañar un poco en el estudio social de la llamada edad Media, Alta y Baja, y la Contemporánea de cuando servidor era mozo, se percata uno que el moro aquel de Poitiers, si existió, bastante tuvo con no cobrar después la pensión por un triunfo laboral guerrero, encima inexistente.

En aquel necesario, esperado, aplaudido y regenerador intercambio entre gentes del norte de África, a los que siempre llamaremos moros porque es un nombre en extremo bonito, y define una procedencia de lugar por donde el sol se pone cada tarde en las hermosas tierras norteafricanas, cuando detrás de los llamados bereberes norteafricanos que eran polígamos unidireccionales hacia el cónyuge varón, fueron, lenta y amigablemente –para la época– apareciendo los hombres de credo musulmán, con un derecho consuetudinario que aceptaba la poligamia, en la Ibérica, los supervivientes a la guerra civil de religiones entre trinitarios y unitarios.

Y que para el momento, caso y circunstancia, fueron vencedores los unitarios, participaban de lleno en una sociedad ibérica de corte polígamo, con una cierta permisión, según necesidades de faenas, especialmente campesinas, sin grandes aspavientos de rasgar vestiduras de poligamias en dirección de que la podían ejerces ambos cónyuges.

Una vez más, el hecho de que la gente ibérica, la sociedad ibérica haya sido polígama antes, durante y después de la amalgama cultural y social que poco a poco y procedente del floreciente foco cultural oriental islámico se expandió por estas tierras, nos está indicando, y lo notamos en nuestros desplazamientos, que nuestras raíces sociales culturales –especialmente en las gentes sureñas- no las sentimos ni en los pueblos de Sajonia ni por aquellas tristezas de los territorios escoceses que tanto nos deprimen.

El escritor español, de Chalamera, Huesca, Ramón José Sender Garos, en su novela Cabrerizas Altas, escribió de “Lo fácilmente que un español puede parecer moro, colocándose una sencilla chilaba…” Y en su trabajo sobre el derecho consuetudinario en las montañas del Rif, el vasco de Orduña, Emilio Blanco Izaga, Coronel en El Rif, una obra que recomiendo su lectura a todo aquel que sienta interés hacia los pueblos habitantes del norte de África cercano a nosotros, al margen de que indica que no todos los militares que estuvieron en África destinados durante el “protectorado”, fueron unos “africanos” como los golpistas, dice el citado militar español con mucho conocimiento de causa, que: “Los estados rifeños eran repúblicas religiosas gobernadas por laicos. Ahora bien, por encima y yendo un paso más allá de estas querellas y feroces reyertas, los Ait Uariaguel –gentes que vinieron a la Ibérica– supieron independizarse de ellas…”

No me canso de indicar que nuestra mirada está totalmente equivocada cuando a la fuerza nos quieren hacer europeos. Haciendo un breve análisis sin entrar mucho en materia, sentimos que los “europeístas” con o sin traje y corbata, con o sin el pelo tintado de rubio, dictan mucho de lo que es un líder carismático para nosotros sureños, semitas hasta las cejas.

Salud y felicidad.

JUAN ELADIO PALMIS


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