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14 de agosto de 2016

  • 14.8.16
¿Nos encontramos en el mejor mundo posible, tal como nos dicen los políticos (profesionales) para que nos resignemos con el desastre en el que vivimos? ¿Es la vida tan maravillosa como nos repiten insistentemente los publicistas a través de las campañas que han planificado para que nos saturemos de productos innecesarios? ¿Hay que pasárselo bien, a pesar de la que está cayendo, tal como nos proponen esos canales televisivos que, día tras día, entontecen a la gente? Por otro lado, y en sentido contrario, ¿son personajes sospechosos aquellos que no se muestran públicamente con una sonrisa de felicidad?



La verdad es que no necesariamente son dignos de sospecha quienes manifiestan su pesar ante el mundo, ante la vida, ante la existencia, ante la realidad del propio ser humano, cuando son capaces de explicar con nitidez sus propias ideas.

Personalmente, entiendo, aunque no comparto, que la gente quiera que se les dé recetas fáciles para salir de esos estados de pesadumbre en los que es posible caer; no obstante, con libros de autoayuda y similares no se logra gran cosa, y, menos aún, buscando sucedáneos para evitar pensar por sí mismo.

La vida no es un camino de rosas. Esto ya lo supieron los primeros pensadores que se atrevieron a buscar un sentido a la existencia humana, más allá de los mitos afianzados en la población y de las explicaciones consoladoras de las distintas religiones.

En Occidente, sabemos que fue en la antigua Grecia el lugar en el que nacieron las escuelas filosóficas que intentaban, desde diferentes perspectivas, explicar al tiempo que proponer criterios de comportamiento para caminar por los múltiples senderos por los que era posible transitar por este mundo.

Y entre ellas se encontraban las que abogaban por la duda o el escepticismo como sistema de pensamiento, en el sentido de que no era posible conocer verdades que fueran compartidas por todos los seres humanos, lo que conllevaba sustentarse en la desconfianza hacia un mundo en el que veían que el dolor formaba parte del mismo sin que fuera posible evitarlo.

El pesimismo era, pues, la respuesta lógica ante la incapacidad de afrontar las adversidades inevitables que la propia existencia genera. De ahí que nacieran escuelas filosóficas como la cínica o escéptica y la estoica.

Pero no quiero remontarme a los inicios de las ideas filosóficas para explicar tan larga trayectoria del pesimismo como sistema de pensamiento, sino aproximarme a aquellos pensadores más cercanos a nosotros que expresaron la fatalidad ante el sinsentido de la existencia humana.

Uno de ellos fue el alemán Arthur Schopenhauer (1788-1860), autor de esa magna obra titulada El mundo como voluntad y representación. De este gran filósofo quiero traer aquí una de sus máximas preferidas en la que mostraba su total desencanto, puesto que nos decía que “sería mejor que este mundo no existiera”.

Continuador y admirador de la obra del anterior fue Friedrich Nietzsche (1844-1900). Su radical crítica a la moral cristiana y su negación de la existencia de Dios le lleva a proponer como solución el surgimiento de un nuevo hombre: übermensch (término alemán, mal traducido al castellano como superhombre), que es aquel se enfrenta a la propia existencia con fuerte voluntad de poder y desde una radical soledad.

Pero si hay algún pensador que representa el mayor pesimismo existencial, a mi modo de ver, es el rumano Emil Cioran (1911-1995), brillante autor de textos fragmentarios que acabaría afincado en París, por lo que publicaría en francés sus obras más relevantes. Sobre este autor ya publiqué en esta sección una primera entrega que llevaba por título Aforismos y pensamientos: Cioran.

La razón de querer seguir con este singular escritor es que recientemente ha llegado a mis manos un pequeño libro titulado E. M. Cioran. Los continentes del insomnio de Gabriel Liiceanu, autor rumano que traza una aclaratoria biografía de su compatriota, al tiempo que le realiza una interesante entrevista. El libro se publicaría inicialmente en Francia en el mismo año del fallecimiento de Cioran, lo que llega a ser como un homenaje póstumo a este gran fatalista.

Para dar continuidad al enfoque que inicié en el primero de los artículos, en esta segunda ocasión ilustraré las distintas partes también con dibujos y pinturas del artista polaco Zdzislaw Beksinski, ya que entroncan perfectamente con los aforismos del pensador rumano.



Para entender el radical pesimismo de Emil Cioran, conviene conocer aquellas facetas de su vida que le marcaron en un intenso dolor. Así, él mismo manifiesta que su infancia fue paradisíaca cuando vivía plenamente libre en las montañas de Rasinari, su pueblo natal.

Teniendo diez años, su padre, Emiliano Cioran, sacerdote ortodoxo, un día le dijo que se subiera a la carreta que le llevaría para ser internado en Sibiu con el objeto de que comenzara sus estudios y seguir el camino marcado por el propio padre. Según nos cuenta, fue el día más triste de su vida, con el sentimiento de que lo conducían hacia la muerte.

Aforismos extraídos de 'Desgarradura'

“Hay que estar chiflado para lamentarse de la desaparición del hombre, en lugar de entonar un ¡Ya era hora!”.

“Mi misión es matar el tiempo, la suya matarme a mí. Se está perfectamente a gusto entre asesinos”.

“Todos esos transeúntes hacen pensar en gorilas pusilánimes y fatigados hartos de imitar al hombre”.

“Cuanto más viejo se es, más se anda a la caza de honores. Puede que la vanidad nunca sea tan activa como en las cercanías de la tumba”.

“¿Cómo superar los ataques de furia, esa necesidad de estallar, de partirle la cara a todo el mundo, de abofetear universos? Habría que dar inmediatamente un corto paseo por un cementerio o, mejor aún, un paseo definitivo”.



Como consecuencia del desarraigo que siente tras ser arrancado de los parajes de su infancia, la adolescencia se le convierte en un auténtico calvario. Sobre la misma comenta: “En aquella época, en mi juventud me emborrachaba mucho. Incluso estaba convencido de que iba a convertirme en un borracho de tanto como me gustaba el estado de inconsciencia y el orgullo demente de los borrachos”.

Aforismos extraídos de 'Del inconveniente de haber nacido'

“Todo gira alrededor del dolor; lo demás es accesorio, inexistente, puesto que solo recordamos lo que hace daño. Las sensaciones dolorosas son las únicas reales; es casi inútil experimentar otras”.

“El deseo de orar no tiene nada que ver con la fe. Surge de un agobio particular, y durará tanto como él, incluso si los dioses y su recuerdo desaparecen para siempre”.

“Todos mis pensamientos están orientados hacia la resignación, y, no obstante, no pasa un día en que no trame algún ultimátum contra Dios o contra alguien”.

“Sólo se enseña filosofía en el ágora, en un jardín o en casa. La cátedra es la tumba del filósofo, la muerte de todo pensamiento, la cátedra es el espíritu enlutado”.

“Aquel que teme al ridículo no irá nunca muy lejos ni para bien ni para mal, permanecerá más acá de sus talentos, y, aunque tenga genio, estará condenado a la mediocridad”.



Otro hecho que marca profundamente la personalidad de Emil Cioran es el brutal rechazo que sufre por parte de su madre cuando lo ve en esos estados de embriaguez. El propio Cioran lo explica de este modo:

“Me ha quedado grabada en la memoria el siguiente recuerdo que se remonta a mi período de insomnios. Me encontraba solo en casa con mi madre e, invadido por una crisis repentina me tiré sobre la cama gritando: ‘¡No puedo más! ¡No puedo más!’. Y mi madre, la mujer del sacerdote, me respondió: ‘Si lo hubiera sabido habría abortado’”.

Aforismos de 'El aciago demiurgo'

“Es parloteo toda conversación con alguien que no haya sufrido”.

“La desolación que expresan los ojos de un gorila. Un mamífero fúnebre. Desciendo de su mirada”.

“Levantarse temprano, lleno de energía y ánimo, maravillosamente apto para cometer alguna insigne villanía”.

“El combate el que se entregan en cada individuo el fanático y el impostor es causa de que nunca sepamos a quién dirigirnos”.

“Solo es subversivo el espíritu que pone en tela de juicio la obligación de existir; todos los otros, empezando por el anarquista, pactan con el orden establecido”.



Su rechazo a la vida tal como está organizada socialmente le llevó a considerar que el deseo de libertad fuera la mayor aspiración de su vida.

“La libertad ha sido mi única religión en la vida, la independencia y, en primer lugar, no depender de una carrera. Muy pronto comprendí que la vida solo tiene sentido si uno consigue hacer lo que quiere. Para mí el problema consistía en salvaguardar mi libertad. Habría fracasado si hubiera aceptado trabajar en un despacho para ganarme la vida”, le responde a Gabriel Liiceanu.

Aforismos extraídos de 'Silogismos de la amargura'

“Qué espectáculo ver a grandes naciones mendigar un suplemento de futuro”.

“Uno tras otro, he adorado y execrado a numerosos pueblos; jamás se me ha ocurrido renegar del español que hubiera deseado ser…”.

“Orgullo moderno: he perdido a un amigo que estimaba, por haberme obstinado a repetirle que yo era más degenerado que él”.

“En la búsqueda del tormento, en la obstinación de sufrir, únicamente el celoso puede competir con el mártir. Sin embargo, se canoniza a uno y se ridiculiza al otro”.

“Feliz en amor, Adán nos hubiera ahorrado la Historia”.



Emil Cioran recibió numerosos premios en Francia: Rivarol, Saint-Beuve, Combat, Nimier. Todos fueron rechazados menos el primero. El argumento que daba para no aceptarlos es el siguiente:

“El espectáculo de los premios de París siempre me ha disgustado profundamente: el hecho de que todos los escritores hagan lo imposible por conseguir uno. Se ha convertido en una verdadera industria. Pronto comprendí que no hay elección: o se aceptan todos, o se rechazan todos. Al principio solo acepté uno…”.

Aforismos extraídos de 'Breviario de la podredumbre'

“El cristianismo apareció: un solo Dios, y el ayuno. Y la era de lo trivial y lo sublime comenzó…”.

“La teología, la moral, la historia y la experiencia de cada día nos enseñan que para alcanzar el equilibrio no hay una infinidad de secretos; no hay más que uno: someterse. ‘Aceptad el yugo, nos repiten y seréis felices; sed algo y os libraréis de vuestras penas’”.

“Por todas partes, gentes que quieren…; mascarada de pasos precipitados hacia fines mezquinos o misteriosos; voluntades que se cruzan; cada cual quiere; la multitud quiere; millares de personas tensas hacia no sé qué”.

“Un pueblo se muere cuando no tiene fuerza para inventar otros dioses, otros mitos, otros absurdos; sus ídolos palidecen y desaparecen; busca otros, en otras partes y se siente solo ante monstruos y desconocidos. También esto es la decadencia”.



No creo que pueda haber un filósofo que pueda expresar con mayor rechazo las condiciones de la existencia humana. A partir de ahí, toda pretensión de filosofía como sistema de racionalidad se convierte en algo sin sentido. Es por eso que Cioran llega a decirnos que “para construir una filosofía original, habría que partir de la ciencia, es decir, del único campo en que la innovación es posible”.

AURELIANO SÁINZ


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