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16 de julio de 2016

  • 16.7.16
La presencia desde hace unos días de la mayor reliquia ósea que se conserva de San Francisco Solano ha llevado a muchos montillanos a echar la vista atrás, veintisiete años nada más y nada menos, para evocar uno de los momentos más significativos de la historia reciente de Montilla: el retorno del cráneo de El Santo a su ciudad natal, cuatrocientos años después de su partida.



El reloj marca las dos y cinco de la tarde. Algo más de cuarenta grados a la sombra y, pese a ello, miles de montillanos permanecen impasibles bajo el riguroso sol de la Campiña. Las campanas de todas las iglesias comienzan a repicar a gloria cuando un autocar asoma por los Cuatro Caminos y avanza lentamente por la avenida de Andalucía. Es 2 de julio de 1989 y San Francisco Solano regresa a su ciudad natal cuatrocientos años después.

En estos días se cumplen 27 años de una efeméride excepcional. Inenarrable. Montilla entera se echó a la calle para recibir el cráneo del Evangelizador de las Américas, procedente del convento de San Francisco de Jesús de Lima, en Perú. Un acontecimiento histórico que ponía el broche de oro a una apasionante aventura que arrancó once meses antes.

Corría el mes de agosto de 1988 cuando el dentista montillano Vicente Ruz Feria y su esposa Rosario decidieron realizar un viaje por tierras de Hispanoamérica que les llevó hasta la capital del Perú, donde el fraile franciscano había fallecido, en olor de santidad, el 14 de julio de 1610.

A instancias de su hermano Manolo, Vicente Ruz Feria inició contactos con responsables religiosos del país andino para valorar la posibilidad de trasladar la más importante reliquia de El Santo hasta su ciudad natal.

Y, aunque en un primer momento se mostraron contrarios a la idea, las tornas cambiaron en apenas 24 horas y el provincial de los franciscanos peruanos daba luz verde a un proyecto largamente esperado en la localidad cordobesa. San Francisco Solano podría volver a casa cuatro siglos después.



Ya de regreso a Montilla, Vicente Ruz Feria mantuvo un encuentro con Joaquín Alguacil López, Antonio Herrador Navarro y Agustín Trapero Márquez, miembros de la hermandad patronal de San Francisco Solano y Nuestra Señora de la Aurora, para organizar un evento que, ya por aquel entonces, se les antojaba histórico.

Para ello, acordaron formar una comisión en la que estuvieron representados diversos colectivos montillanos, además de vecinos a título particular, sin olvidar el propio Ayuntamiento, por medio de sus concejales José Luis Márquez Ruiz y Blas Casado Urbano.

Una vez constituida la comisión, presidida por Manuel Ruz Feria, se elaboró un amplio programa de actividades que incluyó una exposición bibliográfica de fondos de Manuel Ruiz Luque, así como una muestra de pintura y escultura en torno a El Santo y un interesante ciclo de conferencias que contó con la participación de Carlos Amigo Vallejo, arzobispo de Sevilla; Odorico Sáiz, obispo franciscano del Perú; y Antonia Delgado Luque-Romero, misionera montillana en la Amazonía peruana.

Tras un sinfín de reuniones, llamadas telefónicas y gestiones con el Obispado de Córdoba y con la Embajada del Perú en España, Montilla se disponía por fin a recibir a su paisano más ilustre. Y lo hizo a lo grande. Nunca antes se había echado a la calle tanta gente para manifestar públicamente un sentimiento común.

La ciudad entera rompía en aplausos y vítores dedicados a Solano en cuanto el sagrado cráneo descendió del autobús, que había llegado a Montilla escoltado por un colorido pelotón de la Peña Cicloturista Montillana.

La reliquia fue recibida a la entrada de la Puerta de Aguilar por el vicario de la Campiña, Pedro Gómez Carrillo, y por el párroco de San Francisco Solano, Rafael Cerrillo que, bajo palio, emprendieron un multitudinario cortejo hasta el Ayuntamiento, donde aguardaba la Corporación Municipal con el alcalde, Prudencio Ostos, a la cabeza.



Tras la recepción oficial en el Consistorio, de la que dieron buena cuenta medios de comunicación de ámbito regional y nacional, la reliquia logró abrirse paso entre la multitud para regresar a la parroquia de El Santo, levantada precisamente sobre el solar donde, 440 años antes, había visto la luz el Taumaturgo del Nuevo Mundo.

La iglesia de la antigua calle del Sotollón se quedó pequeña para acoger a los miles de vecinos que quisieron rozar con sus dedos el hermoso relicario plateado que custodiaba el cráneo y que, casi un año más tarde, desaparecería para siempre tras un robo que todavía no ha podido ser esclarecido.

Durante los quince días en los que el cráneo de San Francisco Solano permaneció en Montilla, no dejaron de sucederse actos en honor del patrón, cobrando especial sentido las visitas a los conventos y a los enfermos de la localidad, que pudieron rezar ante las reliquias de su paisano más querido.

Hoy, casi tres décadas, y gracias a esa nueva reliquia que ha llegado procedente de La Puebla de Castro y que permanecerá en la localidad hasta la clausura del Año de la Misericordia, prevista para el próximo 20 de noviembre, muchos montillanos mantienen vivo en su memoria el recuerdo de dos intensas semanas en las que la ciudad entera se volcó para degustar, a sorbos pequeños, esa sincera devoción que se ha ido forjando en el tiempo y que concede a Montilla el privilegio de ser la auténtica patria de Solano.

J.P. BELLIDO / REDACCIÓN
FOTOGRAFÍAS: JOSÉ ANTONIO AGUILAR / 'SOLANO... 400 AÑOS DESPUÉS'


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