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22 de julio de 2016

  • 22.7.16
Me confieso: en las pasadas elecciones generales voté a Unidos Podemos. No sin dudas, pero convencido de que era la mejor opción para luchar a la mayor urgencia posible contra la situación dramática que vive un 30 por ciento de la población española. Voté a Unidos Podemos porque creo que no hay nada más radical que permitir que este país siga estando gobernado por el sadismo, la insensibilidad y el odio hacia la gente sencilla.



Sin embargo, cuál es mi sorpresa que la misma noche de las elecciones, los tertulianos me llamaban "populista", "irresponsable" y "gamberro". No me lo llamaron sólo a a mí: se lo llamaron a cinco millones de españoles que decidimos libremente votar a Unidos Podemos, un 21 por ciento del total de españoles que ejercieron su derecho al voto.

Es más, Susana Díaz, la Rita Barberá del Sur que perdió el 26 de junio las elecciones en Andalucía, declaró a los medios su alegría por haber evitado que el “populismo” de Unidos Podemos ganara en España. Y se quedó tan demócrata y tan moderada.

Esos mismos que llaman "populistas", "irresponsables", "gamberros", "extremistas" o "antidemócratas nazis" a los votantes de Unidos Podemos son los mismos que piden respeto para los votantes del PP o del PSOE. Y llevan razón cuando piden respeto por los votantes de PP o PSOE: es una falta de respeto y un síntoma de la cultura antidemocrática de este país que el insulto sea considerado un argumento legítimo.

A diferencia de los insultados votantes del PP, que han sido justamente defendidos por miles de articulistas en distintos medios de comunicación, el insulto a los electores de Unidos Podemos cae en la impunidad. A nadie se le ocurre pensar que insultar a un votante de Unidos Podemos es tan antidemocrático como hacerlo con un votante del PP o de cualquier otro partido.

En esta estrategia de insultar a los votantes de Unidos Podemos, sin que nadie defienda en un medio de comunicación que no es tolerable, se pretende convencernos de que quienes han depositado su confianza en UP son una panda minoritaria de exaltados, como si cinco millones de votos no fuera una barbaridad de personas para un proyecto que sólo tiene dos años y el mejor resultado obtenido por la izquierda en España.

La gente insultada de Unidos Podemos ha ganado en dos comunidades autónomas: País Vasco o Cataluña. Y, juntos, suman los mismos habitantes que tiene la Comunidad Valenciana. O los censos unidos de Extremadura, Murcia, Castilla y León y Asturias.

A pesar de esto, el kilo de votante de Unidos Podemos está mucho más barato que el kilo de voto al resto de partidos moderados y constitucionalistas que han empobrecido a un tercio de la sociedad, que se han asociado con los poderes financieros para arrodillar a la gente sencilla y que incumplen la Constitución cuando ésta habla de proteger los derechos de los españoles.

Ni radicales, ni extremistas, ni populistas, ni gamberros, ni antidemócratas. Mi padre, que es una de esas cinco millones de personas que han votado a Unidos Podemos por miedo a que continúe el saqueo, el empobrecimiento y el sadismo del partido moderado que ha ganado las elecciones, se merece, como poco, tanto respeto como un votante del PP o del PSOE.

RAÚL SOLÍS


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