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25 de enero de 2015

  • 25.1.15
Frío. En esta época del año hace frío. Eso es innegable. Nos tapamos con todo lo que tenemos y encendemos las estufas. El peor momento del día es la ida al trabajo por las mañanas heladas. Y a la vuelta, tras una larga jornada, lo mejor es un baño caliente y relajante para combatir el frío. Eso es lo que pensaría un japonés medio. Las aguas termales y baños públicos son unos de los elementos más arraigados de la cultura japonesa.

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Los onsen, como se los llama en Japón, son termas de aguas calientes surgidas en las entrañas de la montaña. Estas aguas contienen multitud de minerales y elementos beneficiosos para el ser humano. Como sabemos, el país nipón es un archipiélago situado en zona volcánica, lo que lo hace el lugar idóneo para que surjan este tipo de manantiales.

La cultura del baño en estas aguas termales es una tradición milenaria de Japón y está enfocada, sobre todo, a la purificación del cuerpo, además de las razones higiénicas. Uno de los hobbies más comunes para el japonés medio es pasar el fin de semana en algún hotel de la montaña en el que haya onsen.

Eso ayuda a aliviar el estrés y a desconectar de la gran ciudad. En estos hoteles se pueden encontrar onsen al aire libre, los llamados rotenburo, que se sitúan fuera. Son ideales para meterse en invierno y sentir el frescor de la noche y la calidez del agua de alrededor de 40º.

Para poder acceder a ellas se tiene que seguir un procedimiento. Hay una sala con un vestuario donde dejar todas las prendas en una cesta. Luego los visitantes deben limpiarse a consciencia con los jabones y geles en otra sala que hay antes de ir a las termas. Al entrar, uno debe estar completamente desnudo, exceptuando una pequeña toalla, que no debe tocar el agua. No se permiten los trajes de baño.

Normalmente, los onsen están divididos entre hombres y mujeres, aunque también existen los mixtos. Se siente más cercanía e intimidad al estar desnudos, por lo que es un lugar donde hacer amistades y charlar. Debido a que son espacios bastante grandes, cada uno, también tiene su sitio para estar solo y relajarse.

No se permite la entrada de personas con tatuajes. Esto es debido a que antiguamente, a los yakuza o mafia japonesa se les diferenciaba por llevar su cuerpo tatuado. Actualmente, esta restricción se ha relajado debido a que muchos turistas los llevan.

Otra curiosidad es que al entrar en las aguas del onsen es común decir “Gokuraku, Gokuraku” que podría interpretarse como “estar en el paraíso”. Con estas palabras se le anima al compañero de termas a que pase una velada agradable.

Normalmente en estos hoteles a los visitantes se les proporciona cómodos yukatas de algodón, algo así como kimonos, fáciles de poner y quitar. También se pueden encontrar máquinas expendedoras, o sala de juegos para pasar el rato.

Obviamente, ir constantemente a estos hoteles puede diezmar el bolsillo, por lo que los japoneses también tienen opciones más baratas. La bañera de su propia casa es una de ellas.

Los cuartos de baño en Japón son bastante distintos a los de occidente. Tienen el váter separado del lugar de aseo. El otro cuarto lo componen la bañera u ofuro, que suele ser más honda que las occidentales, y una zona con alcachofa con un suelo que tiene un agujero para el drenaje.

Debido al afán que sienten los japoneses por los baños calientes, primero se “duchan” fuera de la bañera y luego, cuando están limpios, se meten dentro. Las temperaturas del baño suelen ser bastantes altas para el estándar occidental.

Es muy común en una familia japonesa usar el mismo agua de la bañera para todos sus miembros. Es por ello que se lavan muy bien antes de entrar y que la bañera consta de un sistema para recalentar el agua. Hay un orden de baño establecido: de mayor a menor y de hombres a mujeres.

A veces, por falta de espacio, no todos los japoneses tienen ofuros en sus casas, por lo que es muy común acudir a los baños públicos o sento. Estos son iguales que los onsen pero la diferencia está en que su agua es de grifo calentada. Siguen también las mismas normativas para poder acceder a ellos. La otra singularidad es que los elementos como el jabón o las toallas debe llevarlas el visitante.

Japón está lleno de baños públicos que aun se siguen utilizando con frecuencia. Su coste es bastante bajo. En Tokio, según una regulación realizada en 2013, la cuota para una persona adulta sería 450 yenes, 3,40 euros aproximadamente.

En conclusión, si alguien tiene la suerte de poder ir al país nipón, que no dude en visitar los onsen. Son lugares idóneos para integrarse y conocer de cerca esta cultura tan interesante. Dicho lo anterior, ¿a quién no le apetece ahora un baño calentito?

SARA B. PATRÓN / REDACCIÓN


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