26 de julio de 2012

¿Quién ha sido?

Uno de los conceptos favoritos de mi etapa escolar fue el de “generación espontánea”. Me fascinaba la idea de que algo pudiera surgir de la nada, así, sin más. Poco a poco, la idea se fue convirtiendo en obsesión y cada noche, religiosamente, miraba debajo de la cama no buscando fantasmas (como mandarían los cánones de comportamiento de un niño de menos de 10 años), sino cualquier forma de vida esotérica, extraña y espontánea que pudiese haber surgido de la nada.

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Sin embargo, en el colegio, donde aprendemos tan rápidamente las teorías como las antiteorías, las confianzas y las desconfianzas y todo ese maravilloso y cruel juego antitético en el que, sin darte cuenta, se te va convirtiendo la vida, pronto te enseñaban que de generación espontánea nada, que si algo había pasado era fruto de una causa: se descubría ante mí la teoría de la causa y el efecto.

La fastidiosa teoría de la causa y el efecto era la responsable de que no pudiese quedar impune el gomillazo que había recibido Tomás en la parte posterior de la oreja, que por una suerte de fatum griego o alineación cósmica o quién sabe qué, había sido castigado con un apellido propenso a ocupar las primeras sillas de las filas de todas aquellas clases que se ordenaban alfabéticamente. No era posible, por tanto, que nadie hubiese lanzado esa gomilla tensada hasta el punto exacto que la hiciera estrellarse justo contra el pabellón auditivo del bueno de Tomás.

—¿Quién ha sido? El silencio catedralicio indicaba siempre que ni el culpable estaba dispuesto a desvelar su identidad y que los testigos, bien por amiguismo o por temor a las represalias, tampoco lo estaban a confesar y quedar como chivatos, sambenito tan fácil de poner como difícil de quitar. —¿Nadie? Bien, nos quedaremos en el recreo hasta que salga el culpable.

¡El culpable! La pieza, sin duda, fundamental de todo este engranaje de la causa y el efecto. Si algo pasaba, era porque alguien o algo lo había provocado. Y si eso que había sucedido era algo negativo, el causante pasaba a llamarse “culpable”.

Cuando se comete un asesinato se busca al culpable. Cuando roban una joyería, buscan al culpable. Cuando un incendio es provocado, se busca al culpable. Ahora estamos a punto de ser rescatados como país. ¿Quiénes son los culpables? Un crimen de este calibre no puede, ni debe, quedar impune. Es tan necesario salir de la crisis, como buscar a los responsables. Y haberlos, haylos.

PABLO POÓ

3 comentarios:

Aquellos que nos metieron en una unión económica europea por la puerta de atras, donde esa unión se ha limitado a factores económicos, donde hemos recibido dinero a espuertas a cambio de desmontar la poca industria que teniamos, dejar de cultivar etc.

Lo siento, Pablo, pero es más fácil encontrar a los "culpables" de la extinción de los dinosaurios que a los responsables de la crisis que padecemos.
¿No te has dado cuenta de que siempre han sido "los otros", según nos dicen desde el poder político, los culpables de las desgracias que sufrimos?
Puesto que llega en verano y hay tiempo para pensar, te animo a que encuentres la solución a este supuesto "enigma".
Por mi parte, te aseguro que no son los bomberos, ni los mineros, ni las amas de casa, ni las empleadas de El Corte Inglés, ni las maestras (ni los maestros), ni los pensionistas, ni las enfermeras, ni los chavales enganchados a las redes sociales, ni los vendedores de loterías, ni los chavales de raza negra que nos ofrecen pañuelos de papel en los semáforos, ni los cabreros que se tuestan al sol por el verano, ni las empleadas de hogar, ni los eternos opositores que encerrados suspiran por una plaza, ni siquiera los estudiantes de Periodismo que ven el futuro negro... En fin, que podría llenar páginas y páginas para echarte una mano de quienes no tienen ninguna responsabilidad de vernos en el abismo.
Mientras tanto, un saludo y que el verano te sea grato.

Políticos manchados de corrupción,nespotismos a granel,banqueros ejerciendo de atracadores ,indemnizaciones millonarias para jueces malversadores de fondos,amnistías para ladrones y un largo etc.de actividades delictivas que salpica a todos los estamentos..Un lugar donde la decencia y la honradez parece no tener cabida.Y,los que no formamos parte de los grupos antes mencionados nos sacrificamos trabajando para mantenerlos,como suena.

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